Lo que diga en Chile se escuchará en Argentina

Por Washington Uranga
Una vez más Jorge Bergoglio estará en un país limítrofe y no pisará suelo argentino. Sus dichos y sus acciones serán leídos con ojos de la política. Mauricio Macri no fue invitado por Michelle Bachelet para estar presente en ocasión de la visita.
El Papa Francisco visitará Chile y Perú a partir de mañana pero los ecos del viaje ya se comenzaron a vivir y seguramente van a repercutir en la Argentina. En primer lugar porque Jorge Bergoglio una vez más estará en un país limítrofe y no pisará tierra argentina, país al que no regresó desde que salió rumbo a Roma en febrero de 2013 para participar del cónclave que finalmente lo eligió Papa. Pero también porque los dichos y las acciones de Francisco del otro lado de los Andes serán leídas con ojos de la política argentina. Se sabe que el Papa habla para la comunidad universal, pero esto es válido para casi todo el mundo… menos para los argentinos siempre convencidos en ser sino los únicos, los principales destinatarios de sus mensajes.
A lo anterior se suman las polémicas generadas aquí en torno al Papa en las últimas semanas, con acusaciones periodísticas diversas respecto del presunto posicionamiento político de Bergoglio que mereció un contundente comunicado de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal intentando poner fin a esta situación.

Pero, al mismo tiempo, en círculos del oficialismo argentino no se oculta la molestia porque el presidente Mauricio Macri no fue invitado por su par Michelle Bachelet para viajar a Chile con ocasión de la visita del pontífice. Extraoficialmente la cancillería chilena brindó sus explicaciones: ningún mandatario extranjero fue invitado. Y el argumento tiene su validez, teniendo en cuenta que en ese caso en la lista debería haber sido incluido el mandatario boliviano Evo Morales. Habría sido una visita inapropiada dado el estado de la disputa entre Chile y Bolivia por el reclamo de este último país por la salida al mar. Entendible pero no suficiente para el macrismo que, más allá de las diferencias notorias con Francisco, siempre anhela una foto de su jefe Mauricio Macri junto al Papa, quizás el argentino más influyente en el escenario mundial.
Pero al margen de las aclaraciones hechas por los chilenos, en la Casa Rosada nadie deja de pensar que fue el propio Bergoglio quien pidió evitar, al menos por esta vez, el encuentro con Macri. El Papa, que se manifiesta con los gestos, no deja de expresar su malestar por aquellas cuestiones que no le gustan de lo que sucede en el momento actual de la Argentina.
Las resistencias
Respecto del capítulo chileno estrictamente puede decirse que no es una escala fácil para Francisco. No porque el Papa no tenga allí la misma popularidad que viene recolectando en cada una de sus incursiones por el mundo. Pero sí porque es la Iglesia chilena la que no ha cosechado aplausos en la sociedad, principalmente por la opaca actuación de su jerarquía. Lejos están los tiempos en el que cardenal Raúl Silva Henriquez (1907-1999) se había transformado en una figura de primer nivel a nivel nacional y símbolo de la lucha por los derechos humanos contra la dictadura de Augusto Pinochet. Ninguno de los cardenales actuales (Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago; Francisco Errázuriz, antiguo arzobispo de la capital; y Jorge Medina, ex vicario castrense) reúne prestigio y, por el contrario, son fruto de permanentes críticas en los medios de comunicación.
Salvo excepciones hoy la Iglesia chilena tiene una jerarquía con poca relevancia en la sociedad y ese hecho influye también en lo que a la visita del Papa se refiere. De esto responsabilizan sectores del laicado chileno al Vaticano por la política de designación de obispos. Incluso así se lo hicieron saber al propio Francisco en una carta que le fue remitida con la firma de muchos católicos. Pero además el episcopado chileno se ha desgastado mucho ante la opinión pública por la existencia de casos de pedofilia encubiertos o apañados por los propios obispos.
Hay también quienes entienden que la visita papal puede dar nuevos aires a una Iglesia chilena que se ha mostrado ajena y distante –aunque no opuesta– a las enseñanzas y a la perspectiva que Jorge Bergoglio le viene dando al catolicismo universal a través de sus documentos. Tales aportes han tenido poco eco entre los católicos chilenos, si bien tampoco se han conocido manifestaciones contrarias al lineamiento pastoral de Francisco.
Pero al margen de la imagen del episcopado, parte de la sociedad chilena le reclama también al gobierno el alto costo que significará, según señalan, la visita del Papa. A ello se agrega el gran despliegue de seguridad montado para la gira papal, reforzado en los últimos días después de algunos atentados a templos católicos, que tienen todo el carácter de actos propagandísticos pero que alertaron sin embargo a los servicios de seguridad.
Las cuestiones políticas
En la agenda del debate político social la jerarquía católica chilena también ha sufrido desgastes en relación a temas tales como la reforma educacional, la despenalización del aborto, los derechos civiles y especialmente la cuestión indígena, vinculada sobre todo con la comunidad mapuche.
Francisco estará cuatro días en Chile, celebrará tres misas multitudinarias (en Santiago, Temuco e Iquique) y tendrá varios encuentros con la presidenta Bachelet. El obispo Fernando Ramos, coordinador nacional de la visita, expresó el deseo de que “sean misas en las que puedan concurrir la mayor cantidad de personas” y para eso “los lugares elegidos han contado con ese criterio, que sean amplios, accesibles y que cumplan con los distintos requerimientos tanto logísticos como de acceso para que puedan recibir al mayor número de peregrinos posible”. Se sabe que además de los chilenos, muchos católicos llegarán de países limítrofes, especialmente desde Argentina.
Antes de iniciar el viaje, el vocero del Vaticano, Greg Burke, informó que el jueves 18 de enero, en Iquique, Francisco tendrá un encuentro con dos personas que fueron víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet. No confirmó, sin embargo, que el Papa se reúna también con víctimas de abuso pero admitió que “eso no significa que sea imposible” dado que se trata de “un tema claramente importante” en Chile, donde la cuestión de los abusos sexuales por parte de eclesiásticos perjudicó la imagen y la credibilidad de la Iglesia Católica.
En Temuco, el miércoles 17, habrá una agenda especial. Allí, Francisco celebrará un misa multitudinaria en las cercanías del aeropuerto de Maquehue. El título de la misa es “por el progreso de los pueblos” y en esa oportunidad se espera un mensaje de Francisco que aborde temas de orden social y no se descarta una alusión al diferendo entre el Estado chileno y las comunidades indígenas, que tiene un nivel político trascendente. Pero además la presumible referencia a las cuestiones sociales motiva que hasta allí se movilice una nutrida peregrinación de fieles argentinos organizados en movimientos sociales que afirman públicamente su adhesión a los postulados de Francisco.
Para agregar un ingrediente más, una vez finalizada la misa el Papa tendrá un almuerzo privado con representantes de comunidades aborígenes, especialmente mapuches. El propio director Ejecutivo de la Comisión Nacional de la visita, Javier Peralta, admitió días atrás que Francisco “buscará acercar posiciones en el conflicto de los indígenas mapuches por la reivindicación de tierras y el Estado chileno”. Se sabe que el Papa pidió “reunirse con personas comunes y representantes de la comunidad de la Araucanía”, según lo confirmó la agencia Fides. De acuerdo a lo señalado por este órgano vaticano Francisco “quiere conocer directamente de las fuentes la realidad local”, en el marco de un conflicto de tierras aún sin resolver entre el Estado chileno y los mapuches que se extiende desde el siglo XVI. Respecto de la Iglesia hay posiciones encontradas. Mientras algunos representantes de pueblos originarios la ven como posible mediadora, otros la acusan de aliada del Estado en la disputa.
Bolivia en la agenda
El pasaje de Bergoglio por Chile tiene además un costado político difícil emparentado con la controversia chileno-boliviana por la salida al Pacífico del país del altiplano.
El gobierno de Evo Morales planteó la demanda en el Tribunal de La Haya, algo que Chile aceptó. Sin embargo, y sobre todo en función de la cercanía amistosa ampliamente demostrada entre el presidente boliviano y el papa Francisco, en Chile se instaló la idea de que Bergoglio es pro-boliviano en esta querella.
El propio Evo Morales se ha encargado de llevar agua para su molino y de proyectar la imagen de que Francisco es más proclive a la posición boliviana.
De allí que hayan surgido en Chile críticas públicas al Papa por este motivo, agigantadas sobre la base de la nacionalidad argentina del Papa que, según algunos, lo pone también en la vereda opuesta de los intereses chilenos.
Al margen de las especulaciones se sabe que la diplomacia vaticana bajo Francisco actúa en todas las situaciones de conflictos internacionales en las que considera que puede hacer un aporte para el acercamiento de las partes. A veces con éxito –como el caso de Cuba y EE.UU.– y en otros no, como viene resultando en los esfuerzos hechos para el acercamiento entre Israel y Palestina.
También en el reclamo boliviano por la salida al Pacífico a través de Chile, el Vaticano viene trabajando en silencio como lo hace en todos los casos. Nada se hará público al respecto, pero no hay que dudar que el tema estará en la agenda de las conversaciones reservadas, dando continuidad a otros diálogos sobre la misma cuestión que se han celebrado en épocas recientes.
Desde Chile el Papa seguirá a Perú, país que lo recibirá también en medio de una realidad política alterada por la crisis de gobernabilidad del presidente Pedro Pablo Kuczynski, agravada por la decisión de indultar al ex mandatario Alberto Fujimori.

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