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Triste, solitario…¿y final?

El intendente santarroseño, Leandro Altolaguirre, atraviesa el peor momento de gestión, cuando han pasado tan solo siete meses de su asunción en el principal sillón de San Martín 50. Leandro Altolaguirre está en una encrucijada con importante grado de dificultad: debe demostrar que llegó a donde está por algunas razones más que por haber aprovechado las cuestiones intestinas del radicalismo y el peronismo santarroseños; debe demostrar que tiene aptitudes para gobernar Santa Rosa. Para eso lo votó en octubre más del 50% de la gente, porcentaje sustancialmente menor que el índice de disconformes que hay con su trabajo en la actualidad.

La ciudad luce en un estado de literal abandono.

El mal humor social es perceptible a flor de piel.  Los vecinos, tanto  del centro como de la periferia, ya no ocultan su malestar por la falta de soluciones, sumada a los tarifazos en servicios y agua, y aprovechan cualquier oportunidad para directamente insultar al lord mayor.

La relación con los empleados nunca fue buena y ahora está peor. Es más, en declaraciones realizadas en los últimos días optó por enfrentar con argumentos casi ofensivos a los trabajadores municipales.

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Decidió cerrar el camino del diálogo a las comisiones vecinales, primer bastión de relación institucional frente a los santarroseños.

Rechazó la ayuda ofrecida por el gobierno provincial, por ejemplo en el caso del traspaso del acuífero Anguil-Santa Rosa, con argumentos confusos.

El auxilio económico del gobierno nacional, anunciado con bombos y platillos, declaraciones de cercanía a “Cambiemos” incluidas, hasta el momento brilla por su ausencia.

Enfrenta una durísima pelea interna entre algunos funcionarios.

La única voz que habla a su favor en el Concejo Deliberante es la de Claudia Giorgis. El resto de los concejales oficialistas ya miran para otro lado cada vez que hay que defender alguna polémica medida. El bloque justicialista no está dispuesto a pagar más costos, como los cuestionamientos que debió enfrentar cuando le votaron el tarifazo.

La tolerancia mediática de la que gozó parece haber llegado a su fin. Solamente basta con sintonizar algunas radios, que incluso apoyaron abiertamente su campaña electoral, para percatarse que ya pasan llamados insultantes de oyentes. Claro,  los medios “amigos” eran solo eso: “medios” amigos. Diarios, canales de TV y radios también sufren de cuestionamientos, en la medida que tratan de maquillar el desgobierno capitalino.

Hasta quienes veían sus arranques con el justificativo de que es un “vasquito cabeza dura” hoy ya lo miran con preocupación.

Para muestra solo basta con citar que en el peor momento de su corta gestión, optó por mostrarse en una reunión que intenta promover un “buereau de eventos” para la ciudad.

Hasta la movida de algunos funcionarios, que intentaron mostrarse pro activos frente al paro de los municipales fue tomada como de mal gusto por propios y extraños. De hecho, solamente algunos concurrieron a los comedores a posar para las fotos, cocinando. El resto consideró una provocación esa medida demagógica.

Desde su entorno ven, casi alarmados, que el intendente está triste, solitario…y se preguntan si también final.