Entre la oportunidad y el oportunismo electoral

Los tiempos preelectorales se prestan para poner a prueba el sentido de la oportunidad -u oportunismo- de los aspirantes a cargos electorales.
Nunca mejor justificado el famoso “Teorema de Baglini”, cuando sentenció que “el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”.
Por estos días algunos aspirantes a cargos electorales han decidido directamente zambullirse en los reclamos de atribulados vecinos, y venderles ilusiones a los necesitados de trabajo y vivienda, por ejemplo.
Humo empresarial
Un caso emblemático es el representante regional del Ministerio de Trabajo, el empresario Luis Bertone. De por sí ya es un despropósito que un representante de la patronal haya sido puesto a resguardar los intereses de los trabajadores patagónicos.
Bertone ahora les propuso a los trabajadores despedidos de Calzar buscarles empleo en otras provincias. Obviamente con este dislate se contradice frontalmente con el resto de sus camaradas de Cambiemos, que se llenan la boca criticando -aún con datos erróneos- el supuesto éxodo de pampeanos.
El funcionario-empresario ya resbaló cuando se produjo el cierre de la fábrica y quedaron más de 250 trabajadores en la calle. En aquella oportunidad les ofreció talleres de repositor de supermercados y de empleados gastronómicos. El resultado fue magro, se supo que de los 253 despedidos, solamente 5 o 6 habrían conseguido trabajo a la fecha.
Eso ni hablar de que Bertone es el representante en La Pampa del gobierno que produjo justamente esta consecuencia, pero sus ansias de ser diputado nacional pueden también con su prudencia.
¿Más promesas?
Con los despedidos de Calzar también estuvo esta semana Rubén Ojuez, ex ministro de Salud del gobierno de Carlos Verna, eyectado de su cargo por motivos que hasta el momento nunca se dieron a conocer.
El galeno les habría ofrecido “soluciones” a los desocupados, sin que se especificaran hasta el momento cuáles serían. Por supuesto que la demanda casi excluyente de los trabajadores es justamente trabajo, “no subsidios” según dijeran ellos mismos.
Es todo un misterio como haría Ojuez para conseguirles trabajo, ya que no es más funcionario. Las malas lenguas aseguran que durante su gestión de dos años llegó a contratar algunos cientos de trabajadores nuevos en salud, entre ellos hijos de gremialistas del sector. Los más maledicentes juran que ingresó más empleados que los despedidos de Calzar.

El ex ministro ya tuvo una fallida intervención en el reclamo por viviendas de los que quedaron afuera de la entrega de nuevas viviendas sociales. A pesar de que les ofreció asistencia legal y orientación política, las viviendas no se multiplicaron como los panes.