El Periodismo no es Santoro

Por Adrián Medina

Son mayoría los periodistas que no delatan a sus fuentes, y menos aún a nuestros propios compañeros de trabajo y oficio ante los servicios de inteligencia nacionales y/o extranjeros.
Sí es menester reconocer que el periodismo fue, es y probablemente será, usado por algunos desaprensivos como pantalla para realizar “negocios”, que en todos los casos están reñidos con lo moral, pero en muchos llegan a estar directamente vinculados a operaciones delictivas.
Daniel Santoro es solamente uno más de los casos de periodistas vinculados a servicios de inteligencia. De hecho, una calle de Santa Rosa lleva el nombre de uno de ellos que, cuando se abrieron los listados de colaboradores del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Argentino, figuraba en su nómina de sueldos.
El periodista de Clarín ya transita la sexta década de vida, de las cuales hay varias decenas de años ejerciendo la profesión. Santoro es docente especializado en investigación periodística de varias universidades privadas y laureado con premios nacionales e internacionales por su tarea. Por lo tanto, es prácticamente imposible que cayera ingenuamente en los tentáculos del falso abogado Marcelo D´Alessio. Resulta muy difícil que se crea que de tan ingenuo llevó al aparente espía de invitado a varios programas e incluso lo presentó ante fiscales y jueces.
Hubo algunos intentos de defensa de Santoro. Uno de ellos de parte de ADEPA, la entidad que agrupa a las empresas periodísticas, que en un cuestionable párrafo aseguró que “los periodistas recurren a prácticas habituales en el oficio, como el contacto directo con fuentes de información que no necesariamente, y en general de manera nada habitual, tienen intereses altruistas, y que incluso podrían terminar sospechadas de delitos”. Que el lector no se engañe. Para nada es habitual que los periodistas se mezclen con delincuentes para desarrollar su trabajo. Para ADEPA parece estar justificado que sus empleados tengan trato con “sospechados de delitos” para llenar las páginas de sus diarios, y encima lo aceptan tan naturalmente.
Como si fuera poco, un grupo de colegas de Santoro decidieron también publicar una solicitada, ejerciendo una defensa cerrada de sus aptitudes morales. Curiosamente, esa solicitada no contó con las rúbricas de sus compañeros de trabajo en el panel de “animales Sueltos”. Fueron elocuentes los rostros de Alejandro Fantino y Romina Manguel, luego de prestar declaración ante el juez Ramos Padilla. Al parecer en ese trámite tuvieron acceso a documentación que acredita que fueron espiados. “Vamos a tener que cuidarnos cuando se apaga el micrófono”, dijeron. El expediente mostraría diálogos y detalles varios que solamente pudieron ser brindados por alguien del equipo: Daniel Santoro.
La actividad periodística brinda la posibilidad de acceder a confidencias y lugares que para otras profesiones pueden estar vedados, y para muchos es una tentación irresistible transformar ese acceso e información en poder inescrupuloso y dinero mal habido.
La causa D´Alessio está dejando en descubierto una trama, que por estas horas mantiene oculta la punta del ovillo, de extorsiones y manejos oscuros en distintos ámbitos de la Justicia, la política, el empresariado y también los medios de comunicación. En este último caso, con documentación pocas veces vista.

“No hay mejor oficio que el periodismo”, dijo Gabriel García Márquez. Sin embargo siempre habrá fenicios sin valores, ideología ni patria, que siempre tratarán de ensuciar el oficio de comunicar.